Nuevos estudios demuestran que los factores genéticos protegen naturalmente contra la COVID-19

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Archivo – Ilustración de los virus SARS-CoV-2, responsables de la enfermedad COVID-19 – HELENA PINHEIRO, IMM

Dos trabajos de investigadores brasileños han contribuido al conocimiento científico de los factores genéticos que protegen a las personas contra la infección por el SARS-CoV-2 o evitan la progresión a la COVID-19 grave.

Uno de ellos informa de los resultados de un estudio en el que participó un grupo de personas mayores resistentes de 90 años o más, y el otro analiza un caso de COVID-19 grave en gemelos idénticos, de los que sólo uno sufrió los síntomas de la enfermedad a largo plazo.

Desde 2020, investigadores de varios países han estado buscando genes que confieran protección contra el nuevo coronavirus, ya sea previniendo la infección o evitando la progresión a la enfermedad grave, con la esperanza de que este conocimiento suponga una contribución vital para el desarrollo de vacunas y tratamientos para las enfermedades víricas.

En uno de los estudios, los científicos se propusieron identificar los genes que confieren resistencia al SARS-CoV-2 y comprender los mecanismos implicados en dos extremos: personas de edad avanzada que eran resistentes a la enfermedad incluso cuando tenían comorbilidades; y personas más jóvenes sin comorbilidades que desarrollaban una COVID-19 muy grave, llegando a morir en algunos casos.

En un estudio, los investigadores analizaron conjuntos de datos de una cohorte de 87 «superancianos resistentes», es decir, pacientes de más de 90 años que se recuperaron de la COVID-19 leve o permanecieron asintomáticos tras dar positivo en la prueba del SARS-CoV-2. Su edad media era de 94 años. Una mujer tenía 114 años en el momento del estudio y fue considerada la paciente de mayor edad que se había recuperado de la enfermedad en Brasil.

Compararon los datos de estos pacientes con los de 55 pacientes menores de 60 años que se recuperaron o murieron de COVID-19 grave, y con una base de datos que contenía secuencias del genoma completo de habitantes de edad avanzada de la ciudad de São Paulo.

En concreto, analizaron una región del cromosoma 6 conocida como complejo mayor de histocompatibilidad (CMH), un segmento de ADN polimórfico con unos 130 genes que codifican muchas de las moléculas implicadas en las respuestas inmunitarias innatas y adquiridas. Este análisis requirió equipos y herramientas especiales.

También analizaron el exoma (la secuencia de todos los exones), que refleja la parte de los genomas en cuestión que codifica proteínas.

La infección por el SARS-CoV-2 se confirmó mediante pruebas de PCR de muestras recogidas a principios de 2020, antes del inicio de la vacunación masiva con COVID-19.

Llegaron a tres resultados muy importantes, dos de los cuales sólo fueron posibles gracias al uso de muestras de una población muy mezclada en términos de etnia y ascendencia.

El primero fue que la frecuencia de las variantes del gen MUC22 era dos veces más alta en el grupo de COVID-19 leve que en los pacientes graves, y aún más alta en los superagentes resistentes. Este gen pertenece a la familia de las mucinas y está asociado a la producción de moco, que lubrica y protege las vías respiratorias. Por otra parte, la sobreproducción de moco se ha relacionado con la inflamación pulmonar típica de la COVID-19 grave.

Estas mutaciones en MUC22 se denominan técnicamente variantes «missense», cambios en el ADN que dan lugar a la codificación de aminoácidos diferentes en posiciones concretas de las proteínas resultantes.

Según el artículo, podrían debilitar las respuestas inmunitarias hiperactivas al SARS-CoV-2 y desempeñar un papel importante en la protección de las vías respiratorias contra el virus. Una de las hipótesis que barajan los autores es, por tanto, que los sujetos resistentes pueden tener un control óptimo de la producción de mucina.

«Puede ser que las variantes con sentido erróneo interfieran no sólo en la producción de moco, sino también en su composición, ya que se cambian los aminoácidos. Necesitamos realizar más estudios para entender cómo actúan durante las infecciones y en las personas sanas», ha explicado Erick Castelli, primer autor del artículo, publicado en la revista científica ‘Frontiers in Immunology’.

Otro punto a investigar es la relación entre las variantes de MUC22 y el aumento de la expresión de un microARN llamado miR-6891. Las investigaciones con bases de datos genéticas han demostrado que este microARN está asociado al genoma viral.

Los autores plantean la hipótesis de que una mayor expresión de miR-6891-5p asociada a todas las variantes protectoras de MUC22 podría reducir de algún modo la reproducción viral en las células y contribuir a que los síntomas sean menos graves durante la infección por SARS-CoV-2.